Ir al contenido principal

Entradas

Pisando

El que pisa pasa el peso del poso que puso el paso. Y quien no pasa, no pesa  ni pisa, pero tampoco posa.

Descontando cuentos. La ratita presumida

  E rase que se era, pero al final no fue.    Una eterna pregunta se la hace un día y al otro también. ¿Por qué elegiría al gato y no al ratón?   Aquél maldito día la sedujo con su ronroneo prometiéndola noches de loca pasión. Ella-pobre incauta- encendida en ardiente deseo decidió liarse el lazo rojo a la cabeza y dar el sí quiero, para luego arrepentirse después.   Ella que presumía de belleza, ahora se bebe las calles vendiendo su cuerpo por cuatro monedas que derrocha aquel gato traidor.   Desde entonces, cada noche, tras maldecir su mala hora, inyecta a su pequeño cuerpo grandes dosis de alcohol para olvidar un momento esa mierda que impregna su vida y amortigüe la pena que la destroza en pedazos sin compasión. En la farola de la esquina, su dignidad se cambia de acera cada vez que la ve, ella herida en su orgullo se maldice a ratos, y luego vuelve a beber.  ¿Para qué quería...

Qué sabes tú

Qué sabes tú de mis demonios,  de mis noches de insomnio,  de mis fantasmas solitarios, de mis ruegos incendiarios. Qué sabes tú de mis inviernos, de este frío eterno, de mi alma desgarrada, de esta mirada callada. Qué sabes tú de mis esperanzas, de mis alas quebradas buscando ilusiones mundanas que nacieron apagadas. Qué sabes tú de mis sueños,  de mi inútil empeño en atrapar la luna tras el cristal. Qué sabes tú de mi vida, de mis secretos a voces, de mis ganas,  qué sabes tú...de nada. ©Derechos registrados  Código de registro:  1709073471166

Todo sobre Hansel y Gretel

Añadir leyenda   Cuando los celos obsesivos y enfermizos gobiernan sobre un amor devoto y ciego, no hay orden que equilibre al caos que se avecina. Y es aún peor cuando esos celos clavan sus garr as sobre dos almas puras e inocentes.       Pasó lo que nunca debió de pasar. Que aquella madrastra, cuyas entrañas no gozaban del fuego de la maternidad decidió cargarse de argumentos para deshacerse de esos niños que ella nunca parió. No soportaba sus risas, sus llantos, ni sus juegos y mucho menos que le disputaran el amor de su marido, un leñador apocado y sin carácter.      El machaconeo incesante sobre la falta de recursos para alimentarlos decidió resolverlo con la idea delirante del abandono. Y aunque la sangre le llamaba a proteger a su sangre, aquella mujer que no era suya, más bien él le pertenecía a ella en cuerpo y alma, ya había dictado sentencia e impuesto la pena sin juicio, ni defensa.       Decidi...

Resurgiendo de la oscuridad.

Las palabras fueron resbalando una a una como gotas de lluvia sobre la desnudez de mi espalda entre aquellas heridas que lamieron mi pasado. Fueron arrasando todas aquellas vidas que malgasté. Y en medio de la oscuridad de la última vida que me quedaba  surgió aquella extraña luz. Avancé con la curiosidad de un condenado en espera de clemencia, y allí estabas tú como un ángel, aunque no te hacen falta las alas, no las necesitas. Rareza, luz, y dolor había en tus palabras. Pero cuanto más te escuchaba, más me seducía tu genial excentricidad. La oscuridad se disipó en la espesura de un bosque en el que nunca estuve. Dancé feliz con la lluvia liberándome de ese estúpido corsé que limitaba mi esencia, y me encadenaba a la vulgaridad. Y aquellas viejas palabras se embarraron en cenizas renaciendo otras que ocuparon su lugar. Enigmáticas, y directas impregnadas de tu atípica belleza, tan sublimes como tu verdad.  Registrado en...

Llueve (Videopoema)

©Registrado

Y ahora qué

Y ahora qué, qué hago yo sin ti. Me duele saber que ya no estarás aquí. Que no podré volver a oír tu voz. Y ahora entre lágrimas te echo de menos. Me enseñaste que debía ser fuerte, a no depender de nadie, a buscar mi propia felicidad. Me enseñaste a arreglar las cosas, a que debía ser ordenada, a ser responsable, a ...tantas cosas, pero no a estar sin ti. Imagen Pixabay de Jolanta Dyr

El sueño de la Bella Durmiente.

  Le pusieron Aurora porque nació un bello amanecer de primavera. Y aquella niña sonriente y revoltosa por arte del natural transcurrir del tiempo se convirtió en una hermosa adolescente, y como a todo adolescente le llega la edad del pavo, a ella sin embargo, le llegó la de la marmota, porque los pavos no duermen tanto como lo hacía Aurora.  Es falso que aquella hada fuera una mala bruja. No, no lo era, solo era una curandera aficionada las “malas yerbas”, vengativa y muy torpe.  Y como la ignorancia se viste de atrevimiento, se ofreció a curar la astenia permanente de la princesa. Pero cuando la mente está en otro universo que no es la tierra, no hay razonamiento que gobierne el orden de las cosas. Tomando por error una planta de valeriana y dos gotas de esencia de mosca del sueño, hizo una infusión para la princesa.  No fueron cien años los que durmió la princesa, porque no hay sueño que cien años dure, ni aburrimiento que lo provoque. Solo tres mese...

Nostalgia

Me gusta observar como llueve. El olor a tierra mojada que precede a la tormenta. Me gusta quedarme así, sin pensar en nada, viendo como las gotas repiquetean sobre el cristal, aunque a veces y solo a veces llega un recuerdo, una melodía o una canción.

Ya no me dueles como antes

Ya no me dueles como antes. Ya no siento esa ansia por vadear los caminos de la incertidumbre. No siento el febril impulso de asomarme al abismo de la tristeza y dejarme caer, y caer. De flirtear con la guadaña de la parca, para abandonarme en sus brazos. En algún momento, nunca supe por qué un ángel se apiadó de mí y en mi caída libre me señaló una puerta. Mi curiosidad ganó la partida, y  entonces abrí aquella puerta, y una luz de cordura me arrancó de los brazos del mundo de  las sombras. Aún me sigues doliendo, tengo que admitirlo; pero no como antes. Mi corazón ya está encallecido y las heridas ya no me duelen. Me duele la ceguera que padecí, me duele aquella estúpida devoción hacia un cuerpo sin alma y sin remordimiento. Me duele mi ingenuidad, la lealtad sin condiciones que te profesé y que jamás me devolviste. Me duelen las horas que pasé esperando una simple muestra de cariño,  y me duelen tus migajas; pero más me duele haber...

Maldita tristeza

Hoy la tristeza vino a visitarme,  me preguntaba.. quién soy y qué hago aquí. Soy sin ser y, sin ser, estoy en la eterna duda de pertenecer a ningún lugar. Ella se me abraza ahogándome de nuevo en su lánguida melancolía de tormentosa desesperación. No quiero ser ese náufrago que clama de nuevo su salvación. !Márchate! grito, ella se ríe y me dice que no. Pienso ignorarla, que me abandone, me repudie y me olvide. Maldita tristeza vete de mi, déjame ser yo . ©Derechos registrados

Vérsame...

El viento me trajo tu recuerdo

El viento me trajo tu recuerdo, insípido, sin emociones, anestesiado y sin dolor. Y al igual que vino, el viento se lo llevó. ©Texto registrado Imagen: Pixabay.com

No más lágrimas

Se acabó, no más lágrimas derramadas en la noche. No más súplicas de ida y vuelta. No más esperanzas arrodilladas en eterna penitencia. No más juegos de te quiero y te olvido cuando la soledad te golpea. Ni más lamento a destiempo tan hipócrita como tu pena. Nada de melancólicos recuerdos para ser plato de segunda mesa. Se acabó, ya no habrá más lágrimas, se me acabó la paciencia. Texto registrado en Safe Creative:  Código de registro:  1605287936494 Imagen: Pixabay

Aquel soldadito de plomo

No era un  juguete roto; aunque a veces se sintiera así. Había perdido la pierna una noche tormentosa de otoño en la que la suerte decidió soltar su mano. Les llamaban los soldaditos de plomo por aquel uniforme de gala y su número de hombres cañón. Cambiaron de circo, pero la suerte que les abandonó aquel día andaba ejerciendo de buscona en alguna esquina. A pesar de eso el amor que no tiene día ni hora llamó a su vida. Una bailarina con acento francés clavó su melancólica mirada en el más joven de los soldados, porque el amor cuando es de verdad no tiene barreras; salvo los celos desmesurados de un payaso celoso. Aquel amor iba aumentando al ritmo del odio del desdichado payaso que no soportaba la humillación de ser rechazado. Día tras día repetía <<Algún día serás mía y de nadie más>>. Pero el día se iba alejando a cada beso y a cada abrazo, no así el odio y los fantasmas de los celos que le susurraban en su mente <<No será tuya si no haces algo>...

Y tú qué sabes del amor

No sé a qué juegas, tampoco debería importarme. Pero a veces me sacas de quicio, aunque ya cerré esa puerta.  Si tu mundo se ha vuelto gris debe ser porque expulsaste al arcoíris de tu vida. Te columpiaste, como siempre, en tu vanidad para saltar a pies juntillas sobre tu egocentrismo. Y ahí sigues dando lecciones de si el amor es esto y el desamor es aquello, como si supieras a ciencia cierta qué es eso del amor. La palabra amor te viene tan grande como los jerséis que te pones para estar en tu casa. Deja de hacerte la víctima y reconoce que fuiste tú quien lo asesinó a sangre fría. No tienes coartadas, lo sabes. Estabas allí cuando lo mataste.

Sentimientos

Tengo (nada)

Tengo una muerte por delante y una vida por acechar, un futuro que me huye y un pasado que no es. Tengo una conciencia machacona y una impulsividad racional, unos años que me arañan y una incipiente ancianidad. Tengo una melancolía que no descansa y un recuerdo que se fue, una esperanza que no espera y una tristeza que es auto de fe. Tengo una desgana enamorada y un naufragio en bajamar, una presencia invisible y un silencio atronador. Tengo, que por tener no tengo nada y, ese nada, algo es. Y si me buscas no me encuentras, mi sombra, que no es mía, hace siete noches y algún día que se fue. Imagen: Pixabay Poema registrado en Safe Creative  Código de registro:  1603116883292

Mala estrella

De mi mala estrella ya sabía yo antes de nacer. Por eso me negaba a venir a este mundo de locos, pero lo hice, asomé mi mala estrella una madrugada de lluvia y relámpagos en una casa inundada de humedad. Una infancia llena de juegos e ilusiones que a medida que crecía echaron a correr como el niño que nos da paso a la etapa de la madurez. No todo en la vida son risas también hay lágrimas, desilusión, decepción y alguna victoria, por qué no. Y cuando por fin la fortuna te dedica una sonrisa zalamera, esa estrella-mala puñalá la den- te vuelve la suerte de espalda; ya sea financiando a plazos un curso fantasma o atracándote a mano armada la puta realidad. Y otra vez a levantarte y echar a andar. A veces no hay más mala suerte que la gota come el vaso y te haga estallar. Ayer, sin ir más lejos, intenté suicidarme, me falló el arma y la justificación. Arreglé el arma, pero se me fueron las ganas. Y no sé si también la fatalida...

El odio

    Cuando el odio se cuele por las rendijas y tome asiento, es cuestión de tiempo que la paz salte por los aires.  Y desde el horizonte oteando el desastre como un buitre carroñero, aguardará la parca que hace tiempo cambió su oxidada guadaña por un arma de fuego. Mientras tanto, en aquellos estamentos donde antes se tomaba la palabra, siguen gritando como una jauría de necios que no quieren ver, ni tampoco escuchar. Así cuando nos hayamos sacado los ojos unos a otros, cuando no quede nada, la parca bailará sobre nuestros despojos festejando la estupidez de una humanidad desquiciada en busca de poder.       De aquellas cenizas que son nuestras, solo aquellos a los que aún les quedó algo de lucidez volverán a recomponer las piezas de ese maldito desastre. Por algún tiempo, vivirán temerosos de repetir la jugada, pero cuando la opulencia les haga de nuevo olvidar el pasado, de nuevo surgirá alguien tan necio como aquellos  que desentierre de n...