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Maldita tristeza

Hoy la tristeza vino a visitarme,
 me preguntaba..
quién soy
y qué hago aquí.
Soy sin ser
y, sin ser, estoy
en la eterna duda
de pertenecer a ningún lugar.
Ella se me abraza
ahogándome de nuevo
en su lánguida melancolía
de tormentosa desesperación.
No quiero ser ese náufrago
que clama de nuevo
su salvación.
!Márchate! grito,
ella se ríe
y me dice que no.
Pienso ignorarla,
que me abandone,
me repudie y me olvide.
Maldita tristeza
vete de mi,
déjame ser yo.

©Derechos registrados
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Qué sabes tú

Qué sabes tú de mis demonios, 
de mis noches de insomnio, 
de mis fantasmas solitarios,
de mis ruegos incendiarios.
Qué sabes tú de mis inviernos,
de este frío eterno,
de mi alma desgarrada,
de esta mirada callada.
Qué sabes tú de mis esperanzas,
de mis alas quebradas
buscando ilusiones mundanas
que nacieron apagadas.
Qué sabes tú de mis sueños, 
de mi inútil empeño
en atrapar la luna
tras el cristal.
Qué sabes tú de mi vida,
de mis secretos a voces,
de mis ganas, 
qué sabes tú...de nada.

©Derechos registrados Código de registro: 1709073471166

Vérsame...

El viento me trajo tu recuerdo

El viento me trajo tu recuerdo,
insípido, sin emociones,
anestesiado y sin dolor.
Y al igual que vino,
el viento se lo llevó.

©Texto registrado

Imagen: Pixabay.com

Dime que no eres un sueño

Dime que no eres un sueño,
que tus ojos son dos mares
de aguas tranquilas
 y que puedo bañarme en ellos.
Dime que la piel que acaricio
no son simples sábanas,
que puedo tocarte,
que son ciertos tus besos.
Dime que no imaginé
cuando dibujabas con tus dedos
corazones imaginarios en  mi espalda,
ni tu pasión
quemándome a fuego lento.
Dime que no eres ensueño
que se desvanece al primer rayo de sol,
que eres carne y eres deseo.
Dime que no eres un sueño,
dímelo, dime que todo eso es cierto.

©Todos los derechos registrados. Código de registro: 1611269922553
Imagen: Pixabay

No más lágrimas

Se acabó, no más lágrimas derramadas en la noche.
No más súplicas de ida y vuelta.
No más esperanzas arrodilladasen eterna penitencia.
No más juegos de te quiero y te olvido cuando la soledad te golpea. Ni más lamento a destiempo tan hipócrita como tu pena. Nada de melancólicos recuerdos para ser plato de segunda mesa. Se acabó, ya no habrá más lágrimas, se me acabó la paciencia.

Texto registrado en Safe Creative: Código de registro: 1605287936494
Imagen: Pixabay

Aquel soldadito de plomo

No era un  juguete roto; aunque a veces se sintiera así. Había perdido la pierna una noche tormentosa de otoño en la que la suerte decidió soltar su mano. Les llamaban los soldaditos de plomo por aquel uniforme de gala y su número de hombres cañón. Cambiaron de circo, pero la suerte que les abandonó aquel día andaba ejerciendo de buscona en alguna esquina. A pesar de eso el amor que no tiene día ni hora llamó a su vida. Una bailarina con acento francés clavó su melancólica mirada en el más joven de los soldados, porque el amor cuando es de verdad no tiene barreras; salvo los celos desmesurados de un payaso celoso.

Aquel amor iba aumentando al ritmo del odio del desdichado payaso que no soportaba la humillación de ser rechazado. Día tras día repetía <<Algún día serás mía y de nadie más>>. Pero el día se iba alejando a cada beso y a cada abrazo, no así el odio y los fantasmas de los celos que le susurraban en su mente <<No será tuya si no haces algo>>. Y lo hizo. …