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Nostalgia

Me gusta observar como llueve. El olor a tierra mojada que precede a la tormenta. Me gusta quedarme así, sin pensar en nada, viendo como las gotas repiquetean sobre el cristal, aunque a veces y solo a veces llega un recuerdo, una melodía o una canción.

Ya no me dueles como antes

Ya no me dueles como antes. Ya no siento esa ansia por vadear los caminos de la incertidumbre. No siento el febril impulso de asomarme al abismo de la tristeza y dejarme caer, y caer. De flirtear con la guadaña de la parca, para abandonarme en sus brazos. En algún momento, nunca supe por qué un ángel se apiadó de mí y en mi caída libre me señaló una puerta. Mi curiosidad ganó la partida, y  entonces abrí aquella puerta, y una luz de cordura me arrancó de los brazos del mundo de  las sombras. Aún me sigues doliendo, tengo que admitirlo; pero no como antes. Mi corazón ya está encallecido y las heridas ya no me duelen. Me duele la ceguera que padecí, me duele aquella estúpida devoción hacia un cuerpo sin alma y sin remordimiento. Me duele mi ingenuidad, la lealtad sin condiciones que te profesé y que jamás me devolviste. Me duelen las horas que pasé esperando una simple muestra de cariño,  y me duelen tus migajas; pero más me duele haber...

Maldita tristeza

Hoy la tristeza vino a visitarme,  me preguntaba.. quién soy y qué hago aquí. Soy sin ser y, sin ser, estoy en la eterna duda de pertenecer a ningún lugar. Ella se me abraza ahogándome de nuevo en su lánguida melancolía de tormentosa desesperación. No quiero ser ese náufrago que clama de nuevo su salvación. !Márchate! grito, ella se ríe y me dice que no. Pienso ignorarla, que me abandone, me repudie y me olvide. Maldita tristeza vete de mi, déjame ser yo . ©Derechos registrados

Vérsame...

El viento me trajo tu recuerdo

El viento me trajo tu recuerdo, insípido, sin emociones, anestesiado y sin dolor. Y al igual que vino, el viento se lo llevó. ©Texto registrado Imagen: Pixabay.com

No más lágrimas

Se acabó, no más lágrimas derramadas en la noche. No más súplicas de ida y vuelta. No más esperanzas arrodilladas en eterna penitencia. No más juegos de te quiero y te olvido cuando la soledad te golpea. Ni más lamento a destiempo tan hipócrita como tu pena. Nada de melancólicos recuerdos para ser plato de segunda mesa. Se acabó, ya no habrá más lágrimas, se me acabó la paciencia. Texto registrado en Safe Creative:  Código de registro:  1605287936494 Imagen: Pixabay

Aquel soldadito de plomo

No era un  juguete roto; aunque a veces se sintiera así. Había perdido la pierna una noche tormentosa de otoño en la que la suerte decidió soltar su mano. Les llamaban los soldaditos de plomo por aquel uniforme de gala y su número de hombres cañón. Cambiaron de circo, pero la suerte que les abandonó aquel día andaba ejerciendo de buscona en alguna esquina. A pesar de eso el amor que no tiene día ni hora llamó a su vida. Una bailarina con acento francés clavó su melancólica mirada en el más joven de los soldados, porque el amor cuando es de verdad no tiene barreras; salvo los celos desmesurados de un payaso celoso. Aquel amor iba aumentando al ritmo del odio del desdichado payaso que no soportaba la humillación de ser rechazado. Día tras día repetía <<Algún día serás mía y de nadie más>>. Pero el día se iba alejando a cada beso y a cada abrazo, no así el odio y los fantasmas de los celos que le susurraban en su mente <<No será tuya si no haces algo>...